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El sufijo “hita”, con el que está compuesto su nombre, hace referencia a un objeto clavado en el suelo, posiblemente, para expresar la división de términos; sin embargo no se sabe nada sobre el origen ni del nombre ni del momento exacto de su nacimiento.

El dato más antiguo que se encuentra sobre Lanzahíta corresponde al año 1250, año en el que Gil Torres elabora un diezmado de las iglesias para anotar las rentas que recibía la catedral de Ávila.

Los documentos fehacientes que hablan de Lanzahíta son el título de Villazgo, cuya documentación al respecto  proviene del Archivo de la Casa Ducal de Albuquerque.

El pueblo de Lanzahíta estaba supeditado, desde su creación, a la Villa de Mombeltrán, al igual que todas las aldeas de alrededor. Se regían por las llamadas “Ordenanzas del Estado de Mombeltrán” que trataban de regular la vida cotidiana de la tierra de Mombeltrán y principalmente la relación de las aldeas con la villa cabecera.

Fue en al año1679 en el que Lanzahíta aduce causas por las que pretende desvincularse del Estado de Mombeltrán y constituirse como villa. Algunas de esas causas eran problemas con el trigo del concejo, cobranza de mayor cantidad que la requerida; tras concertar el pago del aprovechamiento del monte común entre los dos la Villa de Mombeltran se multaba si algún vecino de Lanzahíta realizaba alguna corta; “...las justicias y vezinos de la villa de Mombeltran inficionan los ríos que llaman gargantas con yervas venenosas y matan la pesca, poniendo a contingencia muy próxima de perecer los ganados, como ha sucedido, en bebiendo aquellas aguas”; retraso de la fecha de vendimia; pésimo trato a los vecinos y alcaldes de Lanzahita por parte de la Villa de Mombeltran; ...

 
El consentimiento fue ofertado por D. Melchor Fernández de la Cueva, Duque de Albuquerque, conde de Ledesma y Huelma, marqués de Cuéllar el día 6 de octubre de 1679, siendo otorgado en respuesta a las vejaciones aducidas por la aldea. Mediante este documento suplicaban al Rey y al Real Consejo de la Cámara que exima y saque de la jurisdicción y la haga villa.
 

A partir de la concesión de villazgo, que el Rey Carlos II aprobó el 14 de octubre,  se le hacia villa con jurisdicción civil y criminal, alta y baja en primera instancia, con término propio. La naciente villa se desvinculaba, por tanto, de la jurisdicción de Mombeltrán. Los alcaldes ordinarios serían designados por el pueblo, salvo la aprobación del Duque y los pastos comunes quedaron en la forma establecida.

El Rey permitió que esta naciente villa levantará insignias jurisdiccionales, se realizó el deslinde y amojonamiento del término municipal con competencia en los actos de carácter jurídico y delictuales que ocurran dentro de este término, se procedió a verificación de los censos aportados y se otorgó la libre designación  de los alcaldes ordinarios.

En conclusión, lo que logró Lanzahíta fue, principalmente, una jurisdicción civil y criminal en primera instancia, un término municipal propio y control de cuanto ocurriera en él y se desligaron de la competencia de la villa de Mombeltrán. El consentimiento del Duque de Albuquerque, señor del Estado de Mombeltrán, fue un paso previo. El señor de la tierra de Mombeltrán no perdió nada con este proceso, manteniendo principalmente sus rentas, posesiones, etc. Por otra parte este expediente emancipador tenía un precio: 7000 maravedís por vecino más otros costes (media annata, deslinde y amojonamiento, etc.)  Estas cantidades se ingresaron en las maltrechas arcas reales. El monarca fue uno de los principales beneficiarios de este proceso. Este hecho, por tanto, endeudó a las nacientes villas.

ESCUDO DE ARMAS

El nombre de Lanzahita en castellano antiguo lanzafita, compuesto de fictus (del verbo figere, clavar, hincar) y lacena, lanza que servía de mojón o indicador en los caminos o fincas.

Debido a esto se compuso un Escudo de Armas en el que se representan aquellas armas señaladas que le distinguen y singularizan del resto de los municipios de España.

Escudo de plata (blanco) sobre una terraza de su color, una lanza adiestrada, armada de plata y fustada de su color, todo perfilado de sable (negro). Al timbre la Corona Real Española.